Entre todas las semanas del año, la más importante para los cristianos es la Semana Santa, que ha sido santificada precisamente por los acontecimientos que conmemoramos en la liturgia y consagrada a Dios de manera muy especial. La Iglesia, al conmemorar la pasión, muerte y resurrección de Cristo, se santifica y renueva a sí misma.

En la Semana Santa entran en juego muchos símbolos que se relacionan con la vida, pasión y muerte de Cristo y que los católicos entienden como muestra de su fe y de su compromiso con Dios y su Hijo

Las Palmas del Domingo de Ramos:

Las palmeras o palmas eran símbolo de regocijo y de victoria. De ahí, que se crea que Jesús al ser recibido por todo el pueblo de Jerusalén fuera ovacionado con palmas, lo saludaran como el Hijo de David, y se congratulaban por su presencia. Jesús iba montado en un burro y así se cumplió la Profecía. Es así como todo esto representa Su entrada mesiánica en Jerusalén, la cual a su vez representa la paz mesiánica anunciada por los Antiguos Profetas.
El vino tiene un significado muy especial, pues durante la Última Cena se estableció que era la sangre expiatoria de Cristo, la cual sería derramada por todos los creyentes para obtener su salvación. Así, se bebe vino sacramental en el servicio de comunión cristiano, como símbolo de la unión entre Cristo y sus seguidores. El vino es símbolo de vida eterna pues como dijo "Yo soy la vid verdadera y mi Padre es el viñador". Y luego les manda que se amen unos a otros.
El Pan

El pan era uno de los alimentos de mayor consumo en el antiguo cercano Oriente, por lo que es comprensible que al ser tan vital tenga luego tal importancia en el simbolismo de la Semana Santa, de la vida de Jesús y de la fe católica.

Jesús hace referencia a sí mismo como el pan de Dios o el pan de Vida, lo cual significaba que él era el medio principal para llegar a Dios y era además la forma o el camino para obtener la Vida Eterna. Después, en la Última Cena, Jesús establece el pan de Pascua (pan que comían los judíos para conmemorar la salida de Egipto de su pueblo) como un símbolo de su cuerpo quebrantado por la injusticia, e instaura la Eucaristía, para recordarle a los fieles que Él es el Cordero de Dios que se sacrificó para quitar el pecado del mundo. Recordemos que para la tradición judía se sacrificaba un cordero a Dios, con el objetivo de hacer ofrenda y cerrar el pacto con Dios.
El Lavado de los Pies
El día de la Última Cena, Jesús les lava los pies a sus discípulos como un ejemplo de lo que ellos deben hacer, esto es ser humildes y amar hasta las últimas consecuencias pues como dijo "no es más el siervo que su amo, ni el enviado más que el que le envía". Así el acto de Jesús es además de un ejemplo con el cual está enseñando a sus apóstoles, la muestra máxima de humildad y entrega de Cristo, y del amor que le tenía a sus discípulos
El Beso de Judas
Sobre el beso de Judas no hay más que decir que se convirtió en una muestra clara de la traición, pues Judas lo utiliza no como muestra de su cariño (que era lo que siempre había significado) sino más bien como identificación de su Maestro ante los guardas que lo van a apresar. La traición de Judas ha sido interpretada de muchas maneras. La Biblia dice que Satán se apoderó de su corazón, y aunque es uno de los actos más odiosos para la cristiandad, era necesario que sucediera para que se cumpliera lo que Jesús sabía que le iba a ocurrir.
La Cruz

Es un instrumento de tortura y castigo que utilizaban en la Antigüedad. Sin embargo, desde el punto de vista religioso la cruz adquiere un significado mucho más trascendental, pues se vuelve el símbolo completo del sacrificio de Cristo; Cordero de Dios, que se sacrificó para lavar el pecado del mundo.
Es mediante la cruz que Dios se reconcilia con los hombres, y es también mediante ella que Dios reconcilia a los judíos con los gentiles, pues con la sangre derramada une a todo el mundo. Así representa la unión con Cristo, y por eso se vuelve uno de los emblemas de la religión cristiana.
Por lo general, la cruz significa ahora las culpas y las angustias que todos los creyentes deben cargar pues al hacerlo comparten la Pasión de Cristo.

La Corona de Espinas
En el Antiguo Testamento, la corona era símbolo de realeza, de grandeza y de origen divino, como la corona de David. Muchas veces eran emblemas del favor de Dios como en el caso de Josué. Ahora también, era símbolo de soberbia y por lo tanto de contraste.
En el Nuevo Testamento, la corona de flores es la que más se utiliza hasta que aparece la corona de espinas con la que castigan a Cristo. En este caso, era más bien un símbolo irónico, burlesco de la realeza y de la divinidad, que se creía falsa en Cristo.
Pilatos se lava las Manos
Cuando Pilatos ve que debe complacer a los judíos y crucificar a Jesús, decide lavar su culpa, y en señal de que él no es responsable se lava las manos, para que la mancha del inocente Cordero no quede en ellas.
INRI: Inscripción en la Cruz
Esta inscripción al igual que la corona de espinas, fue puesta en la cruz de Jesús en tono irónico, burlándose del hecho de que Él era el Rey de los Judíos, es decir se suponía una ofensa.
La Repartición de las Ropas y la Ruptura del Templo
Una vez que había sido crucificado, los soldados lo despojaron de sus ropas y se las repartieron. Esto es el cumplimiento de las Profecías. Además, cuando Cristo se encontraba crucificado se partió en dos el manto del templo evidenciando que el Reino de Dios era para todos y no solo para los judíos. Esto también cumplió las Profecías.

 

Domingo de Ramos

La Semana Santa comienza con el Domingo de Ramos en la Pasión del Señor, que comprende a la vez el presagio del triunfo real de Cristo y el anuncio de la Pasión. La relación entre los dos aspectos del Misterio Pascual se ha de de evidenciar en la celebración y en la catequesis del día.La entrada del Señor en Jerusalén, ya desde antiguo, se conmemora con una procesión, en la cual los cristianos celebran el acontecimiento, imitando las aclamaciones y gestos que hicieron los niños hebreos cuando salieron al encuentro del Señor, cantando el fervoroso "Hosanna". Para la conmemoración de la entrada del Señor en Jerusalén, además de la procesión solemne que se acaba de describir, el Misal ofrece otras dos posibilidades, no para fomentar la comodidad y la facilidad, sino en previsión de las dificultades que puedan impedir la organización de una procesión. La segunda forma de la conmemoración es una entrada solemne, que tiene lugar cuando no puede hacerse la procesión fuera de la iglesia. La tercera forma es la entrada sencilla, que ha de hacerse en todas las misas de este domingo en las que no ha tenido lugar la entrada solemne. La ceniza que se impone el Miércoles de Ceniza está hecha quemando las hojas de palma usadas en la procesión del Domingo de Ramos del año anterior.
La tradición de la Iglesia contempla el lunes santo el pasaje de Jn 12, 1-11. Cuando en Betania se lleva a cabo la unción de Jesús por María y la murmuración de Judas basada en la avaricia. Es el momento en que Cristo hace otro anuncio de su muerte y de su resurrección .Las oraciones del día colecta, ofrendas, postcomunión tienen como principio fundamental la pasión de Cristo y el correspondiente agradecimiento del Pueblo de Dios al Padre por la salvación que de este hecho se deriva. La oración postcomunión es la que expresa más claramente este sentido de "conservar siempre las gracias que hemos recibido" por la misericordia divina al morir Cristo por nuestra salvación. Las antífonas de entrada y comunión forman, junto con el salmo responsorial un núcleo aparte al hacer clara reflexión a la pasión de Jesús anunciada desde el Antiguo Testamento. Objetivamente hablando estas "llamadas de auxilio" de un "justo perseguido", "fiel asediado" y "desventurado quebrantado por el sufrimiento" son visualizaciones previas de lo que Mesías padecerá por nosotros en los "días santos de la pasión salvadora" (cf. Prefacio de la Pasión II) a fin de "reparar el daño de nuestros pecados" (oración sobre las ofrendas).En conclusión, es el día de mirar al Señor con humildad pero también con agradecimiento para pedir compasión por nuestras faltas. Es la hora de unirnos a San Agustín en su acción de gracias por la "feliz culpa que mereció tal Salvador".
El evangelio de este día (Jn 13, 21-33. 36-38) refiere la traición de Judas y su negativa a aceptar el amor predicado por Jesús. La hora de la pasión ha llegado, la glorificación del Mesías se acerca con prontitud y es anunciado por él de manera muy clara, este anuncio seguido de la profecía sobre la negación de Pedro es una llamada de atención a todos nosotros los que "seguimos a Cristo" a lo largo de nuestra vida. ¿Cuántas veces, impactados por las celebraciones, liturgias, procesiones o representaciones que caracterizan a esta semana unidos al clima penitencial propio, nos llevan a hacer una "reflexión pronta y sin medida" de nuestra vida, lo que culmina con una "rápida conversión" y un "compromiso" de mejorarla, que al paso de los días olvidamos?. Cristo nos hace ese llamado, en la persona de Pedro, a rectificar nuestra actitud, a dar nuestra vida sin condiciones y con la seriedad propia que conlleva su entrega por nosotros. Este pasaje de Juan lleva como correspondencia anterior la parábola del Sembrador, concretamente el punto en que se hace referencia a la simiente que cae entre piedras. Esa simiente crece, pero por carecer de raíz se seca a las primeras de cambio. Muy revelador resulta pues para nosotros ese pasaje, ya que podemos vernos a nosotros representados en esa simiente sobre piedra. ¿Somos aquellos que al escuchar la Palabra de Dios nos sentimos ilusionados con ella, pero al sentir el rigor que eso implica renunciamos sin más lucha?. Pongamos especial atención a la oración colecta del día y pidamos "celebrar los misterios de la pasión del Señor con tal fe y arrepentimiento" a fin de que desde lo más intimo de nuestro ser se sucite un cambio de vida y de actuación ante los demás.
Miércoles Santo: Meditación. Para empezar a conocer si sabemos amar, tenemos, antes, que sabernos queridos. Cuando hayamos entendido hasta qué punto Dios nos quiere, entonces experimentaremos el no haber sabido corresponder y, en Dios, aprenderemos a amar. Con el amor aprenderemos a conocer a los demás y comprenderemos que existe una razón para nuestra vida. Si elegimos siempre el amor a los demás, sean cuales sean las consecuencias de esta elección, habremos empeñado nuestra vida y seremos verdaderos revolucionarios en nuestro mundo de hoy. Porque no es la justicia, ni la violencia, ni el poder, quienes transforman el mundo, sino el amor El Señor, hermanos muy amados, quiso dejar bien claro en qué consiste aquella plenitud del amor con que debemos amarnos mutuamente, cuando dijo: Nadie tiene más amor que el que da la vida por sus amigos. Consecuencia de ello es lo que nos dice el mismo evangelista Juan en su carta: Cristo dio su vida por nosotros, también nosotros debemos dar la vida por los hermanos, amándonos mutuamente como él nos amó, que dio su vida por nosotros.

Jueves en que Cristo instituyó el sacramento de la Eucaristía, también conocido como la Última Cena.
El Jueves Santo se celebra: la Última Cena ,el Lavatorio de los pies, la institución de la Eucaristía y del Sacerdocio, la oración de Jesús en el Huerto de Getsemaní .Durante los oficios de este día se celebra el lavatorio de pies, recordando el gesto que Jesús hizo con sus Apóstoles y, después de la Misa, el Santísimo Sacramento se traslada solemnemente y se reserva en el "monumento", un altar construido ex-profeso, y en el que se mantendrá reservado hasta el oficio del Viernes Santo. A los fieles se les alienta a acompañar al Santísimo en adoración en el transcurso de la noche. Mientras, el altar principal es despojado de manteles, candelabros, crucifijo, etc. para simbolizar la desolación de Jesús en esa noche, la noche en que lo arrestaron. El Jueves Santo Jesús cenó la Pascua con sus amigos, siguiendo la tradición judía, ya que según ésta se debía de cenar un cordero puro y del año; con la sangre de éste se debía rociar la puerta en señal de purificación ya que si no se hacía así el ángel exterminador entraría a la casa y mataría al primogénito de esa familia (décima plaga), según lo relatado en el libro del Éxodo. El Jueves Santo es uno de los días más llenos de celebraciones litúrgicas y religioso-populares. En la mañana de este día, en todas las catedrales de cada diócesis, el obispo reúne a los sacerdotes en torno al altar y, en una Misa solemne, se consagran los Santos Óleos que se usan en los Sacramentos del Bautismo, Confirmación, Orden Sacerdotal y Unción de los Enfermos. En la Misa vespertina, antes del ofertorio, el sacerdote celebrante toma una toalla y una bandeja con agua y lava los pies de doce varones, recordando el mismo gesto de Jesús con sus apóstoles en la Última Cena.

El Viernes Santo la Iglesia Católica celebra la pasión y la muerte de Jesús por medio de la palabra, por la Adoración de la Cruz y la Comunión Eucarística. Los acontecimientos que se recuerdan en Viernes Santo son el clímax de todos los evangelios, se concentra en él el momento más importante de la vida de Cristo. Es por ello que el significado "espiritual" de esos hechos es fundamental en la fe cristiana. Jesús efectivamente termina dando la vida por sus amigos. La Pasión de Cristo se recuerda por medio de lo que se conoce como el Vía Crucis. Este fue creado en el siglo XII por Francisco de Asís. Tradicionalmente tiene catorce "estaciones" que recuerdan pequeños momentos del camino de la cruz (que en latín se dice ( "Vía Crucis"). Antiguamente algunos de estos momentos eran sólo tradicionales (o sea, no tenían paralelo en ninguno de los evangelios). En la actualidad, sin embargo, se prefiere hacer un Vía Crucis organizado, dónde sólo se ocupan momentos evangélicos. También se realiza el Sermón de las Siete Palabras (las siete frases que en los cuatro evangelios Jesús dice desde la Cruz). Y está la adoración de la cruz. Esta última se realiza casi al final de la liturgia (en Viernes Santo no se realizan misas en recuerdo de que Jesús ha muerto) y es uno de los gestos más queridos por el pueblo creyente.

Es el día en que Jesús estuvo enterrado. No hay detalles de lo que ocurrió entonces con los discípulos, pero al parecer estaban escondidos en el mismo lugar donde se celebró la Última Cena (Juan 20 19), o dispersos (como anotan Mateo 26 56 y Marcos 14 50).

Para el mundo católico el Sábado Santo es un tiempo de espera de la resurrección, es un día de calma, no se realizan misas, no se recibe comunión y el altar de la Iglesia permanece vacío.

Celebración anual que conmemora la resurrección de Jesucristo y fiesta principal del año cristiano y que tiene lugar el domingo siguiente a la primera luna llena de primavera, por lo tanto puede variar entre el 22 de marzo y el 25 de abril.La festividad cristiana de la Pascua de Resurrección está relacionada con muchas tradiciones precristianas. Eran frecuentes, en el mundo pagano, las celebraciones durante el día del equinoccio de primavera algunas de cuyas tradiciones se mantiene hoy, como los huevos de pascua, originalmente pintados con brillantes colores para representar el sol de la primavera.El origen de estas celebraciones, así como sus historias y leyendas, parten de fiestas semejantes en las religiones antiguas. La antigua Grecia conmemoraba la vuelta de Perséfone, hija de Deméter, diosa de la tierra, desde las profundidades del Infierno a la superficie terrestre; simbolizaba la resurrección de la vida en primavera tras la desolación del invierno. Muchos pueblos antiguos comparten leyendas parecidas. Los frigios creían que su omnipotente deidad se iba a dormir durante el periodo del solsticio de invierno y ejecutaban ceremonias con música y baile en el equinoccio de primavera para despertarla.La fiesta cristiana de Pascua de Resurrección probablemente incorporaba una serie de tradiciones convergentes; los estudiosos destacan la relación original de la Pascua de Resurrección con la fiesta judía de Pascua, o Pesach. Los primeros cristianos, muchos de ellos de origen judío, eran educados en la tradición hebrea y consideraban la Pascua de Resurrección como un nuevo rasgo de la fiesta de Pascua judía, una conmemoración del advenimiento del Mesías como anunciaron los profetas.
Muchos se preguntan ¿por qué la pascua cambia de fecha cada año?. La razón es la conexión entre la pascua judía y la cristiana y la diferencia entre el calendario judío y el nuestro.Los judíos comen el cordero pascual la víspera del 15 de Nisan (el primer mes del calendario judío). Jesús celebró la pascua (la última cena) según la costumbre judía, o sea, el 14 de Nisan, murió en la cruz el 15 de Nisan y resucitó el domingo siguiente, que ese año fue el 17 de Nisan.
Pero es muy difícil pasar una fiesta antigua del calendario judío (lunar) al nuestro (solar). El calendario judío es lunar (tiene 354 días y se basa en las fases de la luna) mientras que el nuestro es solar. Cada cuatro años los judíos intercalan un mes a su calendario, no según un método definido sino arbitrariamente por orden del Sanedrín. Esto dio lugar a numerosas controversias sobre la fecha para la celebración de la pascua. Los judíos cristianos continuaron usando el calendario judío para la pascua: El viernes santo lo celebraban el 15 de Nisan y la pascua de resurrección el 17 de Nisan (fuese o no domingo).
En el resto del imperio, sin embargo, se tomó en consideración que Jesús históricamente resucitó el domingo y todos los domingos se celebra a la fiesta de la Resurrección. Por eso se optó por celebrar La Pascua el primer domingo después de la primera luna llena después del equinoccio de primavera. La Iglesia Romana se basa en la autoridad de San Pedro y San Pablo. Pero no todos los cristianos celebraban el mismo día la pascua. Por otra parte, ya desde el siglo III se consideraba que, según el calendario romano, Jesús murió el 25 de marzo y resucitó el 27 (Computus Pseudocyprianus, ed. Lersch, Chronologie, II, 61). Algunos obispos celebraban esas fechas fijas. El Primer Concilio de Nicea (325) decretó que la práctica romana debe observarse en toda la Iglesia. Los ortodoxos celebran la pascua otra fecha porque siguen el calendario Juliano (ortodoxo ruso). La fecha de la fiesta de Pascua católica fluctúa entre el 22 de marzo y el 25 abril. En referencia a ella se calculan las otras fiestas movibles del calendario litúrgico.
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